Te Veo En La Siguiente Vida
Spanish Edition
En mi infancia me sentía paralizada al ver imágenes que retrataban los sacrificios humanos de pueblos nativos como los aztecas.
Abrir el pecho de una persona, extraer su corazón y así, latiendo aún, ofrecerlo a los dioses.
Pero qué crueldad. ¿Qué tipo de muerte es esa?
Podía imaginar toda la mística del momento. Las pirámides, la incidencia del sol en su cénit, los cantos, las personas expectantes, la obsidiana lista para cortar. El sacerdote listo para entrar en la sangre, en los huesos, en la carne y elevar glorioso las manos al cielo. Y sentir al mismo tiempo la vida y la muerte.
Pero, ¿quién moría?, ¿aquel hombre con el corazón afuera y sus latidos debilitándose o aquellos cuyos corazones latían, sin parar, bombeando amor amor amor?
Lo entendí hace poco.
Caminaba hacia la funeraria. Calles, llanto. Amor.
Y mi corazón latía tan fuerte que escuchaba un tambor dentro de mi cabeza. Amor.
Y mi respiración se hacía tan difícil. Todo el aire del mundo no alcanzaba para llenar mis pulmones. Mis músculos se hacían tan blandos y me sentí paralizada una vez más.
Allí, con mi corazón adentro, latiendo, sin sacerdote, sin dios, con mi alma abierta, le entregué mi corazón a los dioses. Te veo en la siguiente vida, fueron mis primeras palabras.
Las suyas ya se habían apagado.
Por Daniela Rojas, Colombia
Te vi y te reconocí.
Ya nos conocíamos, lo supe porque mi corazón lo sintió y mis ojos te observaron. Eras una memoria, una que no recordaba y que ahora, como fotografía Polaroid, te ibas apareciendo en todo mi ser. Mis manos extrañaron las tuyas. Mi ombligo recordó el tuyo.
Hay un circulo en tu caminar, un ritmo sublime. ¿Cómo podría olvidarlo? ¿Será que tu recuerdas el mío?
Veo que vienes y que te vas. Miro al cielo y encuentro la manera de seguir viéndote cuando no estás. En los colores oro del atardecer, en las nubes gloriosas que parecen no tener fin.
Ahora tengo que irme y es una pena. Mi único consuelo es que te veo en la siguiente vida. Estoy emocionado por volver a encontrarte.
Por Antonio López, México



